Capítulo 14 del libro
‘Children's Past Lives’ (http://www.childpastlives.org/dogma.htm):
El asombroso
carisma de Jesús Cristo y su ministerio de buena-nueva cambió profundamente las
vidas de los que lo conocieron y siguieron. El entusiasmo y espíritu de los
primeros Cristianos se extendió por el Oriente Medio
hasta que lo que comenzó como un inspirado culto de Judíos en la polvorienta
Judea creció hasta convertirse en un movimiento religioso revolucionario que
abarcó todo el Imperio Romano. A medida
que las ideas se dispersaban, se colaban a través de las prácticas y teologías
de las religiones existentes y tomó formas que Jesús no hubiera reconocido
–especialmente la institución del sacerdocio para mediar entre el hombre y
Dios.
Durante los
primeros tres siglos de la era Cristiana, no existía una sola doctrina
Cristiana, la teología y doctrina Cristiana –interpretaciones de las enseñanzas
de Cristo mezcladas con ideas de otras filosofías y religiones—eran
intensamente debatidas al menos por los
primeros trescientos años. Muchos de los pilares de la fe que los Cristianos
toman por dado hoy eran, durante este largo período de flujo, simplemente otro
punto de vista mas entre muchos.
Es un hecho que
algunas sectas Cristianas y escritores aceptaban la reencarnación como una
extensión de las enseñanzas de Cristo. Orígenes de Alejandría, uno de los
aclamados Padres de la Iglesia y descrito por San Gregorio como “el Príncipe de
la enseñanza Cristiana en el tercer siglo”, escribió: “Cada alma viene a este
mundo fortalecida por la victorias y debilitada por las derrotas de sus vidas anteriores”.
Entonces, si la
reencarnación era una idea en circulación entre los primeros Cristianos, ¿por
qué ha desparecido de la religión Cristiana tal y como la conocemos hoy?
A principios
del siglo cuarto, las más fuertes facciones Cristianas pugnaban unas con otras
por influencia y poder, mientras que al mismo tiempo el Imperio Romano se
desmoronaba. En el año 325 AD., en una movida para tratar de renovar la unidad
del imperio, el dictador absoluto Emperador Constantino convocó a los líderes
de las facciones Cristianas en pugna al Concilio de Nicea.
El les ofreció lanzar todo su poder imperial a favor de los Cristianos
si ellos resolvían sus diferencias y acordaban un credo único. Las decisiones
que se hicieron en este concilio crearon la fundación de la Iglesia Católica
Romana. (Al poco tiempo, los libros de la Biblia serian editados y ‘corregidos’
también). A favor de la unidad, todas las creencias que entraran en conflicto
con el nuevo credo serian descartadas; en el proceso las facciones y los escritos
que soportaban la reencarnación fueron desechados.
Entonces, con
el aplauso y el apoyo de los líderes Cristianos,
Constantino procedió a eliminar las religiones competidoras, haciendo su
dominio personal sobre el Imperio aún más absoluto. El resultado de este
matrimonio entre iglesia e imperio estatal trajo como resultado una nueva
Iglesia hecha a la imagen del autocrático Imperio Romano. Este es el porque,
según algunos historiadores, la Iglesia exalta la autoridad central no
cuestionada, impone un único credo dogmático, y trabaja tan duro para eliminar
las ideas divergentes. Esto es muy importante porque la reencarnación cayó
fuera del credo oficial.
Aparentemente
algunos Cristianos continuaron creyendo en la reencarnación aún después del
Concilio de Nicea, porque en el año 553 AD. la Iglesia tuvo la necesidad de enfrentar de nuevo el
concepto de la reencarnación y
condenarlo explícitamente. En el Segundo Concilio de Constantinopla el concepto de la reencarnación, unido con
otras ideas bajo el término “preexistencia del alma”, fue decretado como un
crimen merecedor de la excomunión y condenación (anatema).
cita:
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" Si alguna persona afirma la fabulosa preexistencia del alma, y afirma la
monstruosa restauración que sigue; que esa persona sea anatema."
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¿Por qué la
Iglesia se esfuerza tanto en desacreditar la reencarnación? El impacto
psicológico de la reencarnación puede ser la mejor explicación. Una persona que
cree en la reencarnación asume responsabilidad por su propia evolución
espiritual a través del renacer. El o ella no necesitan sacerdotes,
confesionarios o rituales para evitar la maldición (ideas estas que por cierto
no son parte de las enseñanzas de Jesús). Esa persona necesita solamente
ocuparse de sus propios actos hacia el mismo y hacia los demás. Creer en la
reencarnación elimina el miedo al infierno eterno que la Iglesia usa para disciplinar
a su rebaño. En otras palabras, la reencarnación directamente socava la
autoridad y el poder de la dogmática Iglesia. No es de extrañar entonces que la
reencarnación ponga a los Defensores de La Fe tan nerviosos.
A pesar del
decreto del 553, la creencia en la reencarnación persistió entre los creyentes
de fila. Hicieron falta otros mil años y mucho derramamiento de sangre para
completamente borrar la idea. A principios del siglo trece, los Cataros, una
devota e iluminada secta de Cristianos que creían en
la reencarnación, florecieron en Italia y en sur de Francia. El Papa lanzó una
cruzada para detener semejante herejía, medio millón de personas fueron
masacradas, villas completas de una sola vez, y los Cataros fueron totalmente
barridos del mapa. Esta purga impuso el tono de la brutal Inquisición que
comenzaría pronto. No solo la creencia en la reencarnación era causa de
persecución, sino cualquier idea metafísica que cayera fuera del dogma de la
Iglesia.
La criminal
eficiencia de la Inquisición demostró ser efectiva. La persecución por parte de
la Iglesia institucional amedrentó nuestra psiquis colectiva y nos rodeó de una
cerca invisible que separa lo que es seguro de lo que es peligroso de creer.
Desde entonces, las personas que albergan ideas prohibidas han aprendido a
mantener esos pensamientos para ellos mismos. Nuestra memoria cultural aun
recuerda el miedo a la represión por ser asociado públicamente con cualquier
práctica de ocultismo, por usar los poderes psíquicos, o por creer en la reencarnación.
He aquí la
fuente del doble estándar moral. No es sorpresa entonces que muchas personas
hoy creen en la reencarnación privadamente pero temen que si se hace público,
ellos serán atacados por ser rara –la palabra moderna para herejía. Tal vez si
comprendemos de donde viene ese miedo, podremos negarle su control sobre
nosotros y apagar esa cerca invisible.
Entonces cuando nuestros niños hablen de vidas pasadas, podamos seguir
nuestro corazón y no nuestros miedos –y le creamos.
Carol Bowman y Steve Bowman, 1997
Traducido por Ulises Castillo
Otras referencias sobre la Biblia y sus Autores:
Bible Authorship (Autores de la
Biblia):
http://www.childpastlives.org/bible.htm
Dogma Bites Man:
http://www.childpastlives.org/dogma.htm
Children’s Past Lives Chapter 14.
http://www.childpastlives.org/com/chapter14.htm