LA TEOSOFÍA Y EL ESPIRITISMO EN CUBA

 

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     La Teosofía es la doctrina religiosa que tiene por objeto el conocimiento de la existencia de Dios revelado por la naturaleza; así como la elevación del espíritu hasta alcanzar la unión con la divinidad (incluye la posibilidad de reencarnación). Al parecer, su primera manifestación en Cuba ha sido registrada oficialmente en 1904, cuando fue fundada en La Habana la Revista Teosófica de Cuba, órgano mensual de la Sociedad Teosófica de Cuba, la mayoría de cuyos afiliados se encontraba en la capital del país y que continúa siendo en la actualidad la principal institución de esos credos.

 

El Espiritismo, por su parte, es un credo que tiene cierto arraigo en determinados sectores de la población, en especial, en La Habana; muestra características singulares, muy diferentes a las de otros credos, donde predomina cierto grado de organización estructural. Por lo general, en él no existe la creencia en un dios o deidad, sino que se basa en la creencia de que, en el “más allá” hay determinados espíritus de difuntos y otras fuerzas extraterrenales fuera de los límites materiales. Estos espíritus o ánimas mantienen relación con los seres vivientes en el mundo real, y pueden manifestarse y comunicarse con éstos si son invocados por las personas con facultades para hacerlo, a los cuales se les denomina médiums.

 

Los credos espiritistas han tenido dos manifestaciones principales en Cuba, sobre todo en la ciudad de La Habana. Éstas son: el espiritismo clásico o tradicional y el espiritismo cubano o cruzado (“crusao”). Espiritismo clásico o tradicional. En ocasiones ha sido denominado también espiritismo “científico o “blanco”, porque sus corrientes o manifestaciones fundamentales provienen de Europa y los Estados Unidos, y es considerado por sus seguidores como una verdadera ciencia. Muchos de sus creyentes son personas con un nivel cultural medio o elevado, que, en sus prácticas, parten de un ritual básico. Por lo general, son sesiones colectivas o también llamadas sesiones de mesa, en las cuales los participantes, en un local y agrupados alrededor de una mesa o tablero, se toman las manos para concentrar la energía, y se comunican con los seres en el “mas allá” a través del médium.

 

Espiritismo cubano o cruzado (“crusao”). Es otra corriente, y tal vez tiene un mayor grado de arraigo popular. En ésta se mezclaron los aspectos esenciales del espiritismo clásico o tradicional con parte de los credos cristianos católicos, y con diversos credos y ritos, incluidos los afrocubanos (particularmente los de la Regla de Ocha o santería). En algunos casos, también se incorporan los de procedencia china, la cartomancia, la adivinación, la telepatía y otros. Las sesiones pueden ser colectivas, y en ellas se entonan cánticos; o individuales, y, en este caso, la médium trabaja con un solo individuo. Resulta curioso que, en ocasiones, los espíritus contactados  sean los de algún difunto negro congo, que se muestra como tal a través de la persona que funge como intermediaria.

 

 

A diferencia del espiritismo tradicional, en los locales del espiritismo “cruzado” pueden encontrarse objetos y atributos de múltiples creencias, como crucifijos, retratos e imágenes talladas de santos cristianos y hasta agua bendita. Se encuentran imágenes de santos afrocubanos, en ocasiones del conocido Elegguá; velas, flores y plantas aromáticas. En muchas ocasiones, las sesiones concluyen con el “despojo de los creyentes mediante el agua, las flores y las plantas aromáticas, muy especialmente la albahaca (Ocimun basilicum, familia labiadas). Por ello, al espiritismo “cruzado” —también denominado “espiritismo cubanizado” o “espiritismo cubano”—, en ocasiones se le considera como otra forma de sincretismo religioso, y por tanto como otra de las múltiples manifestaciones conocidas de la cultura y la identidad nacional.

 

No existen datos muy precisos sobre el arribo de las primeras corrientes espiritistas a la ciudad de La Habana. Se asegura que el espiritismo clásico o tradicional se conoce desde 1858. En Cuba, algunos años más tarde, aparecen los primeros manuales con las doctrinas de Allan Kardec (1803-1869).

 

Allan Kardec fue un hombre de letras, filósofo y pedagogo  —de origen francés—, cuyo verdadero nombre era Hipólito Denizard Rivail. En 1857 publi