LA TEOSOFÍA Y EL ESPIRITISMO
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El Espiritismo, por su parte, es un credo que tiene cierto arraigo en determinados sectores de la población, en especial, en La Habana; muestra características singulares, muy diferentes a las de otros credos, donde predomina cierto grado de organización estructural. Por lo general, en él no existe la creencia en un dios o deidad, sino que se basa en la creencia de que, en el “más allá” hay determinados espíritus de difuntos y otras fuerzas extraterrenales fuera de los límites materiales. Estos espíritus o ánimas mantienen relación con los seres vivientes en el mundo real, y pueden manifestarse y comunicarse con éstos si son invocados por las personas con facultades para hacerlo, a los cuales se les denomina médiums.
Los credos espiritistas han tenido dos manifestaciones principales en Cuba, sobre todo en la ciudad de La Habana. Éstas son: el espiritismo clásico o tradicional y el espiritismo cubano o cruzado (“crusao”). Espiritismo clásico o tradicional. En ocasiones ha sido denominado también espiritismo “científico” o “blanco”, porque sus corrientes o manifestaciones fundamentales provienen de Europa y los Estados Unidos, y es considerado por sus seguidores como una verdadera ciencia. Muchos de sus creyentes son personas con un nivel cultural medio o elevado, que, en sus prácticas, parten de un ritual básico. Por lo general, son sesiones colectivas o también llamadas sesiones de mesa, en las cuales los participantes, en un local y agrupados alrededor de una mesa o tablero, se toman las manos para concentrar la energía, y se comunican con los seres en el “mas allá” a través del médium.
Espiritismo
cubano
o
cruzado
(“crusao”). Es
otra
corriente,
y
tal
vez
tiene
un
mayor
grado
de
arraigo
popular.
En
ésta
se
mezclaron
los
aspectos
esenciales
del
espiritismo
clásico
o
tradicional
con
parte
de
los
credos
cristianos
católicos,
y
con
diversos
credos
y
ritos,
incluidos
los
afrocubanos
(particularmente
los
de
la
Regla
de
Ocha
o
santería).
En
algunos
casos,
también
se
incorporan
los
de
procedencia
china,
la
cartomancia,
la
adivinación,
la
telepatía
y
otros.
Las
sesiones
pueden
ser
colectivas,
y
en
ellas
se
entonan
cánticos;
o
individuales,
y,
en este caso, la médium
trabaja con un solo individuo. Resulta curioso que, en
ocasiones, los espíritus contactados sean
los de algún
difunto negro
congo, que se muestra como tal a través
de
la
persona
que
funge
como
intermediaria.
A diferencia del espiritismo tradicional, en los locales del espiritismo “cruzado” pueden encontrarse objetos y atributos de múltiples creencias, como crucifijos, retratos e imágenes talladas de santos cristianos y hasta agua bendita. Se encuentran imágenes de santos afrocubanos, en ocasiones del conocido Elegguá; velas, flores y plantas aromáticas. En muchas ocasiones, las sesiones concluyen con el “despojo” de los creyentes mediante el agua, las flores y las plantas aromáticas, muy especialmente la albahaca (Ocimun basilicum, familia labiadas). Por ello, al espiritismo “cruzado” —también denominado “espiritismo cubanizado” o “espiritismo cubano”—, en ocasiones se le considera como otra forma de sincretismo religioso, y por tanto como otra de las múltiples manifestaciones conocidas de la cultura y la identidad nacional.
No existen datos muy precisos sobre el arribo de las primeras corrientes espiritistas a la ciudad de La Habana. Se asegura que el espiritismo clásico o tradicional se conoce desde 1858. En Cuba, algunos años más tarde, aparecen los primeros manuales con las doctrinas de Allan Kardec (1803-1869).
Allan Kardec fue un hombre de letras, filósofo y pedagogo —de origen francés—, cuyo verdadero nombre era Hipólito Denizard Rivail. En 1857 publi